Las calles de Barcelona están tomando color. El primer festival mundial de quioscos de escalera, se va a llevar a cabo en la ciudad del 15 al 25 de Octubre.
Para conocer un poco mas sobre este emprendimiento MALA entrevistó a su directora, Patrcia Ciriani.
M: Como funcionan los quioscos de escalera?
P: Son tiendas que por una gran mayoría ocupan el espacio antiguamente dedicado a las porterías. Son llevadas en general desde generaciones por una misma familia, que se lo traspasaron de padres a hijos. Una persona, o una pareja como máximo, se encargan de la venta de un negocio que no necesita mucho espacio de almacén, por eso la mayoría son joyerías (Ferran 41, Rambla 89, Travessera de Gràcia 134), relojerías (Hospital 42, Ronda Sant Antoni 55), tabacos (Pelai 8), turronerías (Plaça Universitat 8, Portal de l'Àngel 25, Cucurulla 2, etc.), y algunos tiendas de complementos y accesorios (Bonsuccés 12, Rambla 128).
M: Como surge la idea de armar el Festival?
P: El descubrimiento de los quioscos de escalera en mis flâneries (deambulaciones) a través la ciudad coincidió con el estudio del Instituto Catalán de Antropología sobre las Porterías (publicado bajo la dirección de Joan Bestard en 2006 con el CCCB y la Generalitat). Soy parisina de nacimiento, y he visto desaparecer toda vida de las calles de París durante los 33 años que viví allí. No quisiera que pasara lo mismo en Barcelona... Y como soy historiadora de arte y organizo exposiciones de arte contemporáneo y eventos escénicos, tuve la idea de revitalizar este patrimonio antropológico con obras artísticas creadas in situ dentro de los quioscos desafectados, y crear un evento que recuerda anualmente la importancia que llevan estos micro-espacios de gran convivencia entre vecindad, comercio y calle.
M: Cuales fueron las mayores dificultades con las que se encontraron en la organizacion?
P: La desconfianza de los propietarios de quioscos cerrados. El festival se hace para dar consciencia del rol fundamental que juegan los quioscos de escalera a favor de la convivencia de las fincas y de las calles. No se puede hacer ni sin ni contra los propietarios de los quioscos. Pues muy pocos respondieron favorablemente a nuestra demanda de ocupar su espacio cerrado. Y eso que nosotros mismos nos ofrecemos a limpiar, pintar, asegurar el local durante todo el tiempo que la obra de arte se instala adentro. Es realmente una ventaja para ellos de participar: ¡encuentran su local en mucho mejor estado después que antes!
Y también de que hay quioscos abiertos que no quieren publicitar su local, temen ir en contra del Ayuntamiento, mientras que el Ayuntamiento está muy a favor de la manifestación que dinamiza el patrimonio etnológico de la ciudad.
¡Espero que el festival Lilliput sea un éxito así que el año próximo haya más participantes entre los propietarios!
M: Que expectativas tienen puestas en el Festival?
P: Quisiera que la gente del barrio realice la suerte que tienen de convivir en una ciudad aún llena de vida en su centro, y que parte de esa vida viene de los comercios unipersonales en los quioscos de escalera. Me encantaría que la gente cogiera el virus de la curiosidad que me llevó al inventario de 100 quioscos, y siguiera investigando por más. Que se fijen en los mil y uno detalle de la calle, que guarden para siempre la delicia física de pasearse sin finalidad en su ciudad, que cuiden las relaciones sociales con sus vecinos... Es un festival militante, casi utópico, que quiere concienciar sobre el patrimonio que tenemos y no se tiene que echar a la basura bajo el pretexto de modernización.
Con competencias, exposiciones, recorridos, cortometrajes, intervenciones plasticas, danza y musica; el equipo inicial y colaboradores del festival, tienen preparado un gran despliegue para esos días.
Contando con el apoyo del ayuntamiento de Barcelona y el respaldo del instituto Catalán de Antropología, el festival promete rendir homenaje público a estos pequeños lugares, a partir de 2009, todos los años.
M: Y despues? como piensan seguir?
P: Queremos publicar un libro con fotos profesionales de todos los quioscos, acompañadas de todas las entrevistas realizadas con los quiosqueros y usuarios de los quioscos de escalera.
Mediante la recopilación de documentos, entrevistas con sus dueños y con aquellos que vivieron su esplendor, se busca dar a conocer estas mini estructuras lilliputienses, mas allá de cómo simples quioscos, sino como una especie de bisagra entre el interior y el exterior, un vínculo pacificador entre lo privado y lo público.
Este patrimonio antropológico, constituye el último lugar de convivencia en las fincas de vecinos, y el festival busca revitalizarlo, alejando el peligro actual de desaparición.
M: Algo que nos quieran contar?
P: Lo más lindo en la aventura de este festival ha sido para mi el encuentro con los quiosqueros que apreciaron mucho la idea y me contaron su historia con el orgullo digno de sentirse testigo de la memoria colectiva de la ciudad. Historias maravillosas de la Guerra Civil donde los vecinos se protegieron de las bombas bajo un quiosco cerca de la calle Bonsuccés.
También me ha sido una revelación aquel artículo de Javier Navia en La Nación ("Los quioscos, una idea porteña que puede morir", 27 noviembre 2008). Me ha dado confianza en que el tema era global, no sólo tan local como en Barcelona. Y las decenas de comentarios que siguieron en el blog me dio a ver lo popular que era también el tema. Y sentí lo que siento aquí, el cariño de la gente por su barrio con sus particularidades tan encantadoras. Y la resistencia de mucha gente frente a la homogeneización sosa de las tiendas llevadas por las multinacionales en centros de ciudades.
Y también, a la hora de constituir un equipo de organización, me ha sido muy agradable sentir el interés de mucha gente de todas edades a participar voluntariamente para dar vida a los quioscos. Más de veinte personas ayudan el festival con mucha energía, y me confortan cada día en la idea que Lilliput lo somos todos, pero que juntos podemos hacer tan grande como los Brobdingnag!!
El festival no piensa unicamente en los tres metros cuadrados que ocupan los quioscos en los distintos lugares de Barcelona… Lilliput busca y se propone mirar un poco mas allá.
Cecilia Matas