Lo bueno de recibirse es que una puede empezar a buscarse un laburito "full time", que pague un poco más, y le permita a una "desempeñarse profesionalmente en su área de interés". Además, con el nuevo sueldo, ya se puede pensar en alquilar un monoambiente contrafrente, y si todo va bien "del corazón", en tres o cuatro años ya estar comparando precios de pañales, viendo colegios primarios bilingües, y reservando departamento en la costa en enero, que es cuando "todos los que ya no estudian" suelen tener vacacaciones. ¡Qué gusto da recibirse! ¡Esto sí que es vida!
Lo que más me gusta de "hacerse grande" es que con el tiempo una empieza a ir más seguido a la peluquería. Y eso está bueno, porque antes no encontraba excuza. En cambio ahora puedo ir a taparme las canas una vez por mes, depilarme un pelo que me empezó a crecer en la punta de la nariz y limarme los cayos que me sacan los zapatos altos que uso para ir a la oficina todos los días. Por el tiempo libre no me preocupo, ahora que a la noche no tengo que cursar, apenas llego del trabajo me puedo meter en mi equipo de fitness y marchar derechito al gimnasio. Hacer dos, tres horas de ejercicios, de esos que te dejan sin aliento. Después volver a casa, cocinar, comer, mirar un rato la tele y meterme en la cama tapada hasta la nariz. ¡Reponer energías para trabajar al día siguiente!
Y si todo va bien, en treinta o cuarenta años jubilarme. ¡Al fin tener todo el día para mi sola! Poder esperar las dos horas que demanda una sala de espera sin preocuparme por lo que dejo de hacer afuera. Vivir en la tranquilidad de mi hogar, sola, sin nadie que interrumpa mi paz. De vez en cuando recibir visitas, dar una vuelta al parque (siempre y cuando las piernas no se me hinchen demasiado por el calor), y por sobre todo, morir con la consciencia tranquila de saber que llegando al final de mis días puedo decir que todo, todo lo que tuve fue gracias a mi carrera.
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